En defensa del pequeño comercio de barrio

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No se descubren barrios como se ve un río; se les construye

Manuel Castells

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Yo sí mando spam. Cuando tengo que vender, vendo. El resto de tiempo envío emails con temas que considero interesantes.

Hablo de todo lo que me sale de los cojones, no sólo de marketing o negocios. Hay política, filosofía y otras gilipolleces.

Es probable que después de leerla me odies.

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Quién iba a decir que usaría en esta niusleta una cita de un ministro de Sánchez. En fin, cosas veredes.

Hoy voy a hacer una defensa del pequeño comercio de barrio frente a las grandes superficies, los supermercados y, sobre todo, Amazon.

Quiero aclarar que mi punto no es la defensa de una especie de autarquía a ningún nivel. Aquí bancamos el comercio internacional, los negocios grandes y la compra online. No hay problema con ello y no quiero que esta niusleta se entienda así.

Esta niusleta tiene como objetivo explicitar ciertas ventajas del comercio de barrio que, a menudo, permanecen ocultas o no suponen un beneficio instantáneo. Y, como cada decisión de compra implica un coste de oportunidad y un trade-off, conviene ser consciente de toda esa información.

Si después quieres seguir comprándolo todo en el Mercadona o en Amazon, palante. Pero sé consciente de lo que sacrificas.

Y, ahora sí, vamos a ver cuáles son esos aportes no siempre evidentes que tiene el pequeño comercio de barrio:

Primero, puedes ver, oler y tocar lo que compras. Esto igual no es muy importante para comprar una tele, pero para comprar melocotones o minifaldas, viene bien. Es cierto que, en algunos casos, puedes hacer lo mismo en el Mercadona, pero no puedes hacerlo en Amazon.

Hay quien compra auténtica basura dura e insípida por la simple razón de que nunca han probado un tomate decente. Si nunca has probado algo bueno de verdad, es normal que te conformes con cualquier cosa. Si es tu caso, prueba en la tienda de barrio (en temporada) y compara.

Segundo, los productos son de temporada. Esto tiene que ver con el punto anterior. Si un producto no es de temporada, significa que te lo han traído desde el culo del mundo o lo han cultivado en un invernadero.

En el primer caso, lo han recogido antes de estar maduro para que aguante. En el segundo, no ha crecido en un ambiente propicio (y, además, pasa lo anterior, también, porque no hay tantos invernaderos y tienes que irte a buscarlos desde Barcelona a Almería).

Por eso, aunque en Mercadona vendan fruta fuera de temporada y te parezca que tienes más variedad, la verdad es que es virtual. No vas a comprar una sandía. Vas a comprar algo que se parece a una sandía.

Además, es más sano, porque comer fruta de temporada asegura que hayan completado su ciclo natural. Así, están cargaditas de sabor y de nutrientes.

Tercero, puedes acceder a productos exclusivos. Esto quizá es un poco menos frecuente en grandes ciudades, pero, donde yo vivo, he podido comprar carnes de la matanza del propio dueño de la tienda.

No hace falta decir que eso no lo encuentras ni en el Mercadona ni en Amazon.

También sucede con ciertos productos que por muchas razones no se venden online. No obstante, esto cada vez se da menos.

Cuarto, tienes lo que quieres al momento. Que sí, que es cómodo que te manden las cosas a tu casa al cabo de un par de días. Pero aquí hablamos de que tienes lo que quieres al momento. Eso también tiene un valor.

No obstante, entiendo que aprovechar este punto se limite a aquellas ocasiones en las que necesitamos algo con mucha urgencia. Generalmente, compensará más esperar un par de días y recibirlo en casa por un precio incluso menor.

Ahora, demos fast forward a un barrio en el que todos piensan de ese modo. Si ya no quedan ni chinos para venderte alicates, cuando tengas que hacer alguna chapuza urgentemente, no tendrás modo de hacerla. Porque las tiendas habrán cerrado.

Coge el coche, vete a la tienda más cercana donde los vendan y vuelve a casa. Sorpresa. Ya has perdido el ahorro que llevabas años acumulando céntimo a céntimo con tus compras online.

Hay ciertos valores, beneficios y ventajas de las tiendas de barrio que hay que cultivar. Si no, cuando las necesites, no estarán disponibles.

Quinto, recibes consejo. El vendedor está especializado en su área y tiene interés genuino en que obtengas lo mejor y lo más ajustado tu necesidad, para que vuelvas. Por eso puede darte los mejores consejos de compra.

Habrá quien diga que esto se consigue online con sistemas de reviews y comentarios. Quien diga eso no se dedica al marketing online, está claro. Manipular esa información es facilísimo y está a la orden del día.

Además, a menudo las reviews y los comentarios no reflejan la información que necesitas. Suelen ser un “va muy bien”, pero quizá esa persona no necesitaba exactamente lo que tú. Por eso es tan frecuente ver comentarios de “excelente” y “esto es una mierda” en el mismo producto.

Buscaban cosas diferentes y han recibido lo mismo. En la tienda de barrio sus necesidades concretas habrían sido tenidas en cuenta.

Sexto, los consejos van más allá de la propia compra. Por ejemplo, en las tiendas donde yo he comprado me han dado consejos de cocina, de agricultura, de mantenimiento de los alimentos, de cuidado de animales de granja, etc.

Séptimo, compras lo que necesitas y no gastas de más. Tanto las tiendas online como los supermercados utilizan multitud de estrategias para que gastes más de lo que necesitas. Ya sea a través del cross-selling online o de la colocación de las cosas en los estantes.

En la tienda de barrio rara vez estás expuesto a este tipo de estrategias, y, como mucho, tienes al dueño ofreciéndote alguna otra cosilla. Y, generalmente, porque es nuevo, de temporada o porque cree que puede ser de tu interés (o las tres cosas a la vez).

Octavo, mejoras la economía local. Que sí, que si compras en el Mercadona mejoras los salarios de las cajeras. Sí. Pero la cantidad de trabajadores en el Mercadona por el volumen de ventas es inferior al de las tiendas de barrio. Comprando en las tiendecitas ayudas a más gente.

Y quizá la ayuda no suponga un aumento del 5% de su salario. Quizá sólo suponga un 1 o 2%. Pero estás construyendo un barrio más fuerte, con más personas ganando un poquito más, con menos riesgo de quedarse en paro, etc.

Estás aportando más seguridad y bienestar que si pones tu dinero en Mercadona. No digamos ya si lo que haces es comprar en Amazon.

Noveno, fortaleces las relaciones sociales locales. Una de las cosas en las que pensé durante el confinamiento fue: “Si cierran las tiendecitas y sólo permiten abrir a los supermercados, por ejemplo, ¿cómo nos enteraremos de que la Paqui, viuda y sin familia, se ha caído en casa?”.

En una tiendecita, si la frutera no ve a la Paqui, le pregunta a la Encarni, y si la Encarni tampoco la ha visto, va a su casa a ver si está bien.

Es un ejemplo, pero las relaciones sociales que se forman van más allá. Porque si estás pensando en montar un negocio y necesitas un diseñador gráfico, quizá el hermano del charcutero lo sea. Y así con todo.

Eso es imposible online y mucho más difícil si la cajera tiene que ir pasando productos a toda velocidad y hablar de más supone un problema para ella y para sus compañeros, porque van todos de culo.

Décimo, crea sinergias entre comercios y asociaciones. Los típicos cartelitos o tarjetas promocionando tal o cual servicio o tal o cual evento que, evidentemente, no encuentras en las cajas del supermercado.

Estas sinergias dan vida al barrio, haciendo que sea mucho más atractivo. Y esto, a su vez, incentiva que haya más actividades y más iniciativas, porque tienes lugares donde promocionarlos, reduciendo el coste de hacerlo.

Undécimo, a raíz de lo anterior, aumenta el turismo. Si hay más actividades y proyectos interesantes, es más probable que venga gente de fuera del barrio a éstos, incentivando el desarrollo local con atracción de capital de fuera.

Duodécimo, invita a crear nuevos negocios locales e incentiva la empresarialidad. Esto es evidente: Si ves que, cada vez más, los negocios cierran y no perduran, es lógico que no quieras probar suerte tú. Si ves que todo el mundo compra en Amazon o en el Mercadona, habría que estar loco para montar una frutería o una tienda de ropa.

Sin embargo, si ves que hay movimiento en las tiendecitas, te planteas la posibilidad de montar algo tú también, porque ves más clara su viabilidad.

Decimotercero, por todo lo que llevamos comentado (y lo que comentaremos después), puede ser una buena ayuda para luchar contra el despoblamiento rural. La principal razón para el éxodo rural es la falta de oportunidades en el lugar de origen. Con todo lo anterior, las oportunidades aumentan.

Evidentemente, si vives en un pueblo de 1000 personas, difícilmente conseguirás evitar el éxodo rural con el consumo local. Pero sí se puede conseguir que, en lugar de que la gente se vaya de los pueblecitos de alrededor de Lleida a Barcelona, se vaya a Lleida. Porque ahí sí se ha revitalizado suficientemente el tejido local como para absorber a esa gente.

Decimotercero, a largo plazo, puede reducir la fiscalidad y las trabas al comercio y los negocios. Al fin y al cabo, si aumenta la empresarialidad, hay una mayor cantidad de gente que tiene incentivos a que sea más fácil hacer negocios.

De hecho, esto puede darse incluso sin aumentar la empresarialidad, porque, al tener trato directo con los tenderos, que son tus conocidos y amigos, puedes conocer mejor sus problemas y dificultades y votar pensando, también, en ellos.

En cambio, si la sociedad se divide entre dueños de grandes empresas y trabajadores de éstas, es más probable que haya polarización y enfrentamiento y menos comunicación. Y, como los trabajadores son muchos más, lo que ellos piensen será lo que se traduzca en ley.

Decimocuarto, reduce la contaminación. Este punto me parece menos importante y más débil (porque, en no demasiado tiempo, la logística será bastante verde), pero también está bien tenerlo en cuenta.

Decimoquinto, te ofrecen servicios no explícitos. Por ejemplo, yo he pedido que me guarden tal o cual cosa un rato mientras hacía recados, o he ido con un montón de monedas de céntimos para que me las cambien (cosa que no hacen ya ni en el banco).

Hay muchos pequeños servicios adicionales que no son evidentes, pero que te los ofrecen por hacerte un favor (los favores son los que fundan las relaciones sociales sólidas).

Decimosexto, información tácita. Como las viejas cuchicheando a la salida de misa. En el pequeño comercio te enteras de chismorreos, de información sobre tal o cual cosa, de quién es buena o mala gente, etc.

Esta información, primero, es saludable. Hay varios estudios que hablan sobre las ventajas en salud de los chismorreos y esta información de mierda de lo que hay a tu alrededor. Segundo, te permite descubrir oportunidades (de negocio, de pareja, amistades…). Y, tercero, te permite evitar desgracias, porque, si se cree que tal persona canea a su mujer, quizá se pueda evitar que un día la mate.

Y, como último punto, el comercio local es más robusto. Si el día de mañana todo el barrio compra en el Mercadona o en Amazon y, por lo que sea, Mercadona quiebra o Amazon deja de repartir en el barrio, ¿qué?

Mantener esa estructura robusta tiene un coste. ¿Y tú no estás dispuesto a asumirlo por ahorrarte 20€ al año? Cómeme los huevos. Es como tener un seguro.

En fin, hasta aquí los puntos por los que conviene comprar en las tiendecitas de tu barrio. ¿Es más caro? Un poco más, sí. ¿Lleva más tiempo? Seguramente, sí.

Pero si no estás dispuesto a gastar un poquito para mejorar lo que hay a tu alrededor, quizá seas un poco basura.

E, insisto, aquí no defiendo comprar SÓLO en las tiendas de barrio. Hay cosas que, simplemente, compensa mucho más comprar en Amazon una vez has considerado todo lo anterior.

Tampoco defiendo comprar en tiendas de barrio sí o sí. Si te tratan mal o el servicio no es bueno, pues que cierre. Obviamente.

Y también soy consciente de que las grandes empresas tienen sus propias cosas buenas no evidentes, también. Por ejemplo, su alta capitalización y disponibilidad de recursos permite hacer inversiones útiles con un mayor retorno y, por tanto, más interesantes a nivel macro.

No se trata de eliminar una cosa u otra. Se trata de mantener un sano equilibrio entre ambas. Porque ambas cosas tienen sus pros y sus contras. E, insisto, esos pros y contras no son siempre explícitos.

En definitiva, estamos en el siglo XXI. Ya no tienes poder como productor, lo tienes como consumidor.

Usa ese poder con cabeza.


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